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Escrito por Xochitl Alvarez Sandoval / Psicoterapeuta clínica   
En silencio, quietos y con los ojos cerrados; sentados en un lugar apropiado, con una persona que guía, que también se mantiene en silencio, quieto y con los ojos cerrados. Están meditando, una práctica espiritual común en las religiones orientales que está siendo redescubierta por el catolicismo.

Cada vez más grupos de católicos se valen de la meditación como técnica de oración e  incluso, como alternativa a los tranquilizantes y antidepresivos que la sociedad le da un peso fuerte para aliviar el dolor o superar de manera inmediata lo que esta pasando por su mente.

La meditación conlleva al conocimiento de nuestro propio yo y encontrar una solución para sanar nuestro interior.


En diálogo con LA NACION, el religioso –que fue invitado a participar de la Jornada Mundial de la Juventud que presidirá Benedicto XVI el año que viene– definió la meditación como “la forma de oración pura marcada por el silencio, la quietud y la simplicidad”.

“Freeman tiene razón”, dijeron varios participantes. Entre ellos, Magdalena Puebla, licenciada en Ciencias Políticas e impulsora de la venida al país del monje, cuyos libros conoció por televisión y se hizo enviar desde Inglaterra. Puebla tradujo Meditación cristiana y silencio. Según contó, tuvo que caminar mucho hasta encontrar una editorial que se decidiera a publicarlo. “Me decían que esto era algo demasiado oriental y desconfiaban de que llegara a tener

Impulsados por el monje benedictino inglés Lawrence Freeman, que dirige la Comunidad Mundial para la Meditación.
 
Adicional

Mal de nuestro tiempo?

  
  DEPRESIÓN: UN MAL DE NUESTRO TIEMPO

La depresión es uno de los más comunes y más serios problemas de la salud mental que enfrenta la gente hoy en día.Millones de personas en el mundo sobreviven en medio de la depresión ricos, pobres, ciudadanos, campesinos, hombres y mujeres, tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que la depresión se convertirá en el año 2020 en la segunda causa de incapacidad en el mundo, detrás de las enfermedades isquémicas (infartos, insuficiencia coronaria, accidente cerebrovascular) mientras que en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar.
De ahí que desde los distintos estamentos sanitarios se esté potenciando la investigación para intentar atajar este trastorno mental, cuyo índice de prevalencia, lejos de disminuir, amenaza con incrementarse a medida que transcurra el siglo XXI.